Las explicaciones de Obama


por Luis Bruschtein

Desesperanzados y con el agua al cuello, los griegos aseguran que Merkel será la primera ministra de su país, Sarkozy, el de Economía; el FMI, la policía financiera; el Banco Central Europeo, el contador que verifica las cuentas, y el lugar que le reservan a Papademos –el presidente que recién asumió– es el de “empleado obediente” de todas esas figuras que ellos odian. En Italia, con menos asfixia que los griegos, el paquete económico de ajuste tuvo media sanción y se espera la renuncia de Berlusconi y su reemplazo por el economista Mario Monti, director europeo de la Comisión Trilateral, un lobby neoliberal fundado en los años ’70 por David Rockefeller. La cuna de la civilización occidental y cristiana está en terapia intensiva.

Con diferencias, habrá congelamientos salariales, retrasos en la edad de las jubilaciones, ajustes en las planillas de la administración pública, aumentos en el IVA y medidas que han tenido a la Argentina como campo de aplicación en otras épocas. Monti y Papademos son economistas, que avisan, hasta con cierto orgullo, que “no son políticos”. Ambos se formaron en universidades norteamericanas y ambos han sido asesores y bien recibidos, no solamente por el centroderecha, sino también por un progresismo socialdemócrata que se mostró impotente para frenar la crisis. Papademos, además, fue un muy activo, aunque con bajo perfil, vicepresidente del Banco Central Europeo, o sea que es uno de los responsables de haber permitido y estimulado el desaforado crecimiento de la deuda externa griega que provocó la crisis y ahora lo llaman para que la solucione.

El escenario no se presenta mejor en España y Estados Unidos, que apenas consigue mover su PBI algunos decimales por año. Por supuesto que hay otros países que no son afectados por la crisis, pero es un milagro que la Argentina se encuentre entre ellos. Un país que siempre se puso en el peor lugar en los momentos de crisis, por ahora zafa. Es como si se hubiera sacado la lotería alguien que nunca tuvo suerte ni para la sortija de la calesita. Resulta difícil de creer, hay que pellizcarse para saber que se está despierto y no se trata de una de esas fantasías de Argentina año verde. Hay una crisis mundial de la economía y la Argentina zafa, aunque, como los chicos golpeados, mantiene el gesto defensivo por si acaso.

Pero, además de zafar, Argentina ve pasar por el otro lado de la vidriera escenarios y situaciones por las que ya pasó y sufrió en carne propia. Esa fue la Argentina que participó en la última reunión del G-20, donde los mandatarios de Alemania y Francia, Merkel y Sarkozy, humillaron a los griegos e incluso a los italianos, los pueblos más golpeados por la crisis, acusándolos despectivamente de vagos, o de que no les gusta pagar impuestos y hasta algún funcionario argentino de organismos financieros internacionales dijo que los argentinos habían heredado esa cualidad de los italianos.

Cuando Cristina Kirchner habló en Cannes en la reunión del G-20, fue escuchada con mucha atención porque venía de un país que, a diferencia de unos años atrás, ya no es tratado como lo son ahora italianos y griegos. Fue uno de los discursos más claros desde la heterodoxia económica, producto de una experiencia en la que ajustes y achiques produjeron más crisis, en tanto que la preservación del empleo y el consumo abrieron caminos de salida.

Pero es cierto que Argentina no es la única en esa situación, porque, con altibajos, la mayoría de los países sudamericanos también están pasando por un momento de prosperidad, sobre todo Brasil, mientras la crisis se ensaña con otras regiones del mundo, en especial en los países centrales. Pero, cosa de Mandinga, también en este aspecto, esta vez, Argentina está mejor parada, más relacionada con Sudamérica que con las economías centrales en crisis. Si el país hubiera continuado las relaciones carnales con los Estados Unidos, estaría apagando incendios como le pasa a México o como corre el riesgo de que le suceda a Chile. A Argentina le fue bien con Sudamérica y con Brasil como principal socio de su comercio exterior. No solamente está en la misma zona geográfica, sino que además hubo una decisión de priorizar ese lugar del que puede hablar también en su nombre, al que representa porque ha sido uno de sus principales impulsores.

Hay otras situaciones en el plano internacional donde Argentina aparece como un jugador con nuevo trato. Estados Unidos votó en el Banco Interamericano de De-

sarrollo contra el otorgamiento de créditos a la Argentina y fue usado aquí como una demostración del encono de Washington con la Casa Rosada. Inmediatamente después se produjo una situación que no tiene antecedentes cercanos porque el presidente Barack Obama pidió una entrevista con Cristina Kirchner para darle una explicación que tuvo mucha semejanza a una disculpa.

El hecho en sí es inédito, pero también lo es que después de esa reunión Obama haya elegido al diario Clarín para dar a conocer el contenido de esas conversaciones, porque Clarín ha sido el medio que más insistió en presentarlo como enemigo furibundo del gobierno argentino. Y fue una de las pocas veces que ese medio publicó una información que no dio esa impresión. Esta vez no fue interpretación, versión, ni opinión, como las anteriores, sino la declaración directa, difícil de tergiversar, de Obama, evidentemente interesado en disipar esa imagen hostil.

Obama contó que le había aclarado a Cristina Kirchner que esperaba que el voto negativo en el BID no afectara las relaciones entre los dos países y que su gobierno estaba obligado por ley a tomar esa medida porque Argentina no había “cumplido” sus obligaciones con el Ciadi (una deuda de cerca de 500 millones de dólares), así como la deuda con el Club de París y los reclamos de los fondos buitre.

La obligación legal real está relacionada con el Ciadi; el Club de París fue incluido en ese listado como formalidad, y el compromiso con los tenedores de bonos argentinos es más político que legal. Argentina ya anunció que respetará las obligaciones con el Ciadi y la negociación con el Club de París está muy avanzada. Los tenedores de bonos, en cambio, no figuran en ninguna negociación del gobierno argentino y seguramente ésa habrá sido la respuesta de la presidenta argentina.

De todos modos, Obama se tomó la molestia de pedir una reunión con Cristina Kirchner para presentarle esta explicación, y al mismo tiempo tomó sus recaudos para que su difusión no fuera tergiversada.

No hay alianzas estratégicas, comerciales ni militares, ni relaciones carnales, pero la lectura de esa sucesión de situaciones relacionadas con la crisis, el G-20 y la reunión con Obama, muestran a un país que se ha reposicionado en el plano internacional desde un lugar propio y que al mismo tiempo ha sido revalorizada su posición de jugador. El peso de Europa y los Estados Unidos está debilitado por la crisis. Tienen frentes de tormenta internos muy complicados, y algunas veces buscan derivar sus tensiones hacia fuera. Son gobiernos que están en guerra y, al mismo tiempo, por ahora no están en situación de abrir más escenarios de confrontación.

Desde ese lugar deben lidiar sin romper –y sin que las contradicciones les hagan saltar la cadena– con los procesos políticos su-

damericanos que tienen liderazgos fuertes y respaldados en contextos económicos de crecimiento. Estados Unidos y Europa no se pueden dar el lujo de desconectarse de una región en la que fueron perdiendo mucha influencia en la década pasada. La soberbia o la incomprensión ya les provocaron varios cortocircuitos con algunos de los gobiernos sudamericanos y necesitan mantener interlocutores como Brasil o la Argentina.

Hablar de aislamiento, como en algún momento dijeron desde algunos sectores, es un exabrupto que no tiene contraparte en la realidad. Pensar las relaciones exteriores de la Argentina como una continuidad de las últimas décadas también es un error. Hay factores externos para que Argentina se haya reposicionado en el mundo, pero además hay otros muy importantes de carácter propio. Uno de ellos es el fuerte crecimiento de la economía y su importancia como productor de alimentos. Y el otro está enmarcado en los procesos políticos regionales, sostenidos en una prosperidad también regional, y consolidados en un camino de integración bastante avanzado en el plano de las coincidencias políticas en los foros internacionales. Sobre esa base, Argentina tiene ahora una proyección cualitativamente distinta y bastante superior a la de su historia reciente.

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