John W. Cooke: un hereje de dos iglesias


Artículo de Miguel Mazzeo sobre la figura del primer delegado (clandestino) de Perón en Argentina después de 1955, y luego, en el exilio cubano, gran amigo y colaborador del Che Guevara.

JOHN W. COOKE: UN HEREJE DE DOS IGLESIAS

por Miguel Mazzeo

“...sentimos la íntima proximidad de lo que estaba perdido en las brumas del tiempo o disperso en un catálogo de anécdotas inconexas y falseadas. Se vuelven vivas y reales las hazañas de Tupac Amarú, las esperanzas de tantos lanzamientos de indios, negros, mulatos y zaparrastrosos que oligarquías crueles y rapaces ahogaron en sangre...” John William Cooke, Apuntes sobre el Che. I

¿Por qué rescatar hoy la figura de John William Cooke? ¿En que intersticios del presente percibimos los destellos de su vieja militancia? ¿Cómo explicar la abrupta reaparición de ese pasado? Cooke es, posiblemente, la impronta de un sueño que revisita la memoria, la cicatriz de un proyecto emancipatorio que no fue, la memoria de los logros y fracasos de una historia colectiva, un bagaje de sabiduría de luchas derrotadas, de sabiduría periférica. Una memoria ejemplar confeccionada con retazos de heroicidades horizontales y masivas, con cuotas de la intrepidez de hombres “ordinarios” a los que la praxis (acción y conciencia) y el vínculo inmediato con la vida del pueblo convertía en luchadores y en organizadores extraordinarios. El trajinar de Cooke nos remite a la épica de los hombres simples, la que supo conmover a Georg Lukács.

Cooke es entonces “caballito de batalla” para oponernos a las memorias del poder que construyen el pasado desde las asimetrías del presente y “punta de lanza” para restituir la memoria crítica de los oprimidos. Es un componente más de una comunidad de memoria y discurso, necesaria para consolidar una identidad y reconocernos en el colectivo, para fortalecer y expandir la organización popular, para construir un nuevo imaginario sintético y eficaz para la independencia y la libertad, para constituirnos como pueblo y sujeto y dar a luz un proyecto común. Es punto de partida “metodológico”, brújula en el tropel de nuestras incertidumbres y contingencias. Un punto de referencia para la construcción de una nueva identidad y un nuevo imaginario.

Se trata entonces del rescate de un pasado que no es tradición consolidada sino pasado próximo, presente histórico. Cooke hace menos complicada la tarea de las nuevas generaciones militantes y alivia las dificultades de este proceso de desarrollo intrauterino, ya que se trata de una figura que aporta a la superación de la tensión entre la herencia y la necesidad de inventar. Cooke permite que las desventuras del presente aniden en un pasado que las ilumina un poco. Por supuesto, no se trata de edificar burdos historicismos a modo de conjuro o de invocar al pasado para que resuelva los problemas del presente.

Nuestro interés por la figura de John William Cooke no parte (no podría partir jamás) de inquietudes académicas sino políticas, aunque, vale la aclaración, intentamos alejarnos de la exaltación acrítica y la reivindicación folklórica. Percibimos, apesadumbrados, que desde algunos espacios el rescate de la figura de Cooke puede parangonarse con aquel cuarteto que

recreaba el estilo de la vieja guardia tanguera y que, dirigido por el maestro Feliciano Brunelli, tocaba el tango haciendo notar su carácter histórico, su pertenencia exclusiva al pasado. Estas reconstrucciones no por casualidad fueron auspiciadas por intereses estrictamente comerciales.

Por esa línea, que algunos llaman revival, transitan las recuperaciones de memorias indefinidas, imaginarios agotados y de instrumentales inútiles, supuestamente de cara a un proyecto de y para el campo popular. Nos convocan indefectiblemente a preservar porciones de algún orden anterior. Suelen caracterizarse por la insistencia en torno a la viabilidad del populismo o del neocorporativismo social cristiano y otras formas -los más sutiles venenos burgueses de agonía prolongadaque no modifican las condiciones de existencia de las clases subalternas y que justamente se caracterizan por hablar en nombre de ellas (he aquí condensados, tal vez, algunos de los significados más productivos del concepto populismo1 ). Aunque intenten disimularlo, los modos de percepción capitalocéntricos, les afloran en las palabras y sobre todo en las opciones. En este marco se hacen visibles las vacilaciones hijas de la derrota, y descollan los especialistas en mistificaciones y los custodios de acervos míticos.

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